jueves, 20 de noviembre de 2014

A la playa con la Princesa Colorines

Hoy mi Pez se ha puesto muy guapo, con su mejor pijama. Me ha preparado un vaso de leche calentito con miel, y ha puesto sobre la mesa un plato con galletas.

Cuando he visto el despliegue, primero le he dado un besote, y luego, le he preguntado por qué a ese gesto tan bonito. Muy serio se ha plantado delante de mi, y con las aletas en la cintura, me ha dicho:

"Primero porque te lo mereces (yo sonrío emocionada), y segundo, porque quiero celebrar contigo que hoy es el Día Universal del Niño. Así que siéntate a mi lado, y vamos a contarles a nuestros niños queridos un cuento. ¿Qué te parece?"

Vale, me parece perfecto. Pues venga, ponte cómodo y acompáñame, que vamos a sacar de paseo a nuestra revoltosa favorita, a la Princesa Colorines. Además, la aventura de hoy nos lleva hasta la playa. 

Sí, ahora que empieza el fresquito, que mejor manera para entrar en calor que imaginarnos a la orilla del mar, y con el solecito calentando el corazón.



LA PRINCESA COLORINES
El mar.

Hola, soy la Princesa Colorines, y ésta es una de mis historias.

Desde que comparto con mi padre el secreto de la puerta violeta, las cosas han cambiado mucho. Ahora, a menudo, vamos juntos en busca de aventuras, y siempre que voy sola, lo único que tengo que hacer es decírselo. Él me insiste mucho en esto, y sus palabras son siempre las mismas:

“Hija mía, avísame cuando vayas a cruzar la puerta. Unos días podré acompañarte, pero otros no. Y es importante que yo lo sepa, sobre todo aquellos días que no pueda ir contigo. No lo olvides cariño mío”.

Y no lo olvido. Aún recuerdo la primera vez que salí de aventura y tardé mucho tiempo en volver. Mis padres estaban muy tristes, y encima, les había mentido. Eso no volverá a pasar nunca.

Bueno, pues un día de verano, nos fuimos toda la familia a la Playa Colorada. Está muy cerquita de donde vivimos, aunque hay que ir en coche. Y recibe ese nombre porque por la tarde, cuando se pone el sol, sus aguas se vuelven de un rojo intenso. Y hasta que no desaparece el sol por completo, no cambia a su color normal. Cada vez que vamos nos gusta quedarnos hasta ese momento, para poder ver así uno de esos regalos de la naturaleza que tanto entusiasman a mi familia, y a mí.

Y cuando hablo de mi familia, incluyo también a mi Canelo, por supuesto, el perro más fiel y cariñoso que uno se pueda imaginar. A él también le encanta la playa. Disfruta con la arena, con el agua, con las palmeras, con las sombrillas. Y cuando atardece, y el sol se va escondiendo en el horizonte, se sienta a mi lado, y apoya su cabeza en mis rodillas, y se puede ver el sol reflejado en sus oscuros ojillos.

Como iba diciendo, mi padre nos levantó temprano, y tras preparar unos bocadillos y meter en una nevera portátil muchos refrescos y agua, nos subimos todos al coche, y nos marchamos. Por el camino íbamos cantando nuestras canciones favoritas, y se nos hizo el camino muy corto. El que lo pasó un poco mal fue Canelo, porque siempre se marea cuando va en coche.

Pero nada más llegar a la playa, se bajó del coche, hizo un hoyo en la arena, corrió a su alrededor, y escondió una piedra dentro; una piedra que le había tirado yo un poco antes. Después, me miró, movió muy rápido el rabo, y salió corriendo hacia la orilla. Al principio, se quedó parado. Después una ola le mojó la patas. Él dio un salto y se echó para atrás. Y cuando la siguiente ola se le acercó, le ladró como un loco, como enfadado por querer mojarle las patas otra vez. ¡Hombre, qué se había creído esa ola!, debió pensar.

Hasta que no me acerqué a su lado no se le pasó el enojo. Y cuando le tiré su pelota hacia dentro, hacia el agua, se olvidó por completo de las olas, y nadó junto a mí hasta llegar a ella. La cogió, me miró, y volvió a la orilla. Yo le seguí, y cuando salí, me coloqué mis gafas de bucear, mi tubo para poder respirar, y mis aletas. Y ayudé a Canelo a ponerse su equipo.

Sí, por supuesto, él también tiene unas gafas, un tubo y unas pequeñas aletas. Bueno, como cualquier perro, ¿no?

Transformados ya en una especie de buzos, nos pusimos en marcha, y nos metimos de nuevo en el agua. No sin antes prometerles a mis padres que tendría mucho cuidado y que no nos alejaríamos mucho.

Poco después ya habíamos nadado hasta las Rocas Verdes, que estaban a la derecha de la playa. Se llaman así porque alrededor de ellas crecen unas algas muy bonitas que le dan un color verde a la piedra.

¡Todo era tan hermoso! Por más que lo pienso, y lo recuerdo, no puedo dejar de ver todos esos peces de colores, las algas más curiosas, los cangrejos más simpáticos, las conchas más comilonas, las gaviotas más juguetonas. Todo en el mar es precioso, e incluso la puerta violeta que encontramos al otro lado de las Rocas Verdes. ¡Sí, la puerta violeta también estaba allí!

Al principio no la vi, y de hecho, casi me tropiezo con ella. Lo menos que me podía imaginar es que la iba a encontrar en ese lugar. Y me di cuenta porque de repente Canelo se puso a ladrar, y yo no sabía a qué, con qué o con quién estaba enfadado, hasta que me fijé bien, y la vi. ¡No me lo podía creer!, pero allí estaba.

Cuando la vi me entraron dudas, porque le había prometido a mi padre que siempre le diría dónde iba a estar si me marchaba de aventura, porque él sabía que buscaría la puerta violeta. Pero esta vez no lo había hecho, la puerta me había encontrado a mí, no yo a ella. Pensé y pensé, y volví a pensar otra vez, sobre lo que debía hacer o no. En realidad lo sabía, pero no me hice caso, y entré.

Cerré los ojos, y atravesé la puerta, y esta vez me aseguré de dejarla abierta, un poquito, colocando una piedrecita para que hiciera de tope. Quería asegurarme que encontraría la salida a mi vuelta.

Cuando abrí los ojos, tardé un rato en ver algo. Estaba todo oscuro, y cuando mi vista se adaptó al lugar, me fijé en que estaba en un sitio que resbalaba, pero que era muy suave al mismo tiempo. Intenté caminar, pero volvía al mismo sitio. Era como un gran tobogán. Pero claro, lo que al principio me resultó divertido, dejó de serlo al rato, porque notaba que no avanzaba hacia ningún sitio.

Poco a poco aquel lugar dejó de ser tan oscuro, y lo que parecían ser las paredes, resultaron ser brillantes. Reflejaban una luz que venía del exterior, y traían hasta mí el rumor del mar. Tenía lógica, porque lo último que recuerdo antes de entrar es que estaba nadando alrededor de las Rocas Verdes. Por cierto, ¿dónde estaban mis gafas, mi tubo y mis aletas?

Hasta ese momento no me había fijado, pero es que hasta ese momento no me habían hecho falta. El lugar donde estaba se movió, y parecía que se había dado la vuelta. Y digo parecía porque aparentemente todo estaba igual, yo seguía resbalando hacia el centro. Pero algo había cambiado. Ahora la luz no entraba por arriba, sino por un lado. Y además de luz, empezaba a entrar agua.

¡Oh, dios mío, agua! Muy poquito a poco, es verdad, pero agua al fin y al cabo. Por eso me acordé de mis gafas, mis aletas y mi tubo. Si las hubiera tenido no me habría entrado tanto miedo. Podría ir nadando hasta ese sitio por el que entraba la luz. Pensándolo bien, puedo hacerlo también, con un poco más de esfuerzo, pero, ¡lo conseguiré!

Pero la verdad es que no hizo falta. A medida que iba entrando el agua, aquello se fue girando otra vez, y nos movimos hacia el otro lado. Todo, el agua y yo. Y nos precipitamos hacia la luz. Nos acercamos a ella, y yo pensé que me iba a quemar, o algo así. Pero no. Resultó que la luz era la salida.

Claro, como esta vez fui precavida, había dejado la puerta abierta. ¿Pero de dónde estaba saliendo? Antes de que esa luz lo inundara todo y me obligara a cerrar los ojos, pude lanzar una última mirada hacia atrás, y cuál fue mi sorpresa cuando descubrí que estaba saliendo del caparazón de una caracola. Después, vuelta a la oscuridad.

Cuando abrí los ojos otra vez, Canelo me estaba dando lametazos, y mi padre me miraba, con una mezcla de enfado y emoción. Enfado porque no le había avisado. Y emoción porque estaba bien, no me había pasado nada.

Tras abrazarme, me hizo prometerle que nunca más lo haría, que no me marcharía sin avisar. Y le dije que así sería. Pero que en realidad lo había hecho, no me había portado mal del todo, porque cuando me marché de la playa, cuando empecé a nadar con Canelo, les avisé. A mi padre no le quedó más remedio que echarse a reír y darme la razón.

Pero, ¿y por qué estaba allí entonces?, ¿cómo sabía dónde encontrarme?

Su respuesta fue: “Espero que sepas corresponder a tu perro con el cariño que se merece, porque al ver que habías desaparecido, me vino a buscar y me trajo hasta aquí. Y no sé quién estaba más nervioso y preocupado por ti, si él o yo”.

Los abracé a los dos, y volvimos nadando a la playa. Había sido un día lleno de emociones, y estábamos muy cansados. Así que después de la merienda, y de ver el atardecer, pusimos rumbo a casa. Esa noche, cuando me dormí, soñé con nuevas aventuras.

Bueno, a mi Pez y a mis niños queridos les deseo que tengan un feliz descanso y dulces sueños.

A los papis, y a todos aquellos que tengan pequeños a su alrededor, celebren cada dia su presencia, porque cada niño es un angel que merece ser querido y mimado. 

Besitos y buenas noches
  

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Diario de una ilusión: Momento 8

Avanzando hacia ti...

El tiempo va pasando, y las novedades se van sucediendo. Ya estás más cerca. Ahora, por así decirlo, para que podamos seguir subiendo escalones, todo dependerá de mi premura y de la diligencia de las instituciones públicas. 

Verás, te lo explico para que lo entiendas:

Ya tengo el contrato por el que mi compromiso contigo es real y plasmado en papel. 

Tengo también el primer pago hecho. Sí, cariño, suena frío hablar de dinero, pero no quiero ocultarte nada. Piensa que gracias a ese dinero, en este primer momento, un hada empieza a desplegar sus alas por el país en el que vives, o vivirás, porque quizás aun no hayas nacido. Su magia consiste en encontrarte, mi princesa o mi príncipe del color de la canela. Sí, a ti. Como yo no puedo hacerlo directamente, este ser mágico lo hará por mi. Y claro, le he de pagar con el polvo de estrellas de los humanos.

También tengo ya el listado de personas que el hada de mis sueños guardará en su agenda, y que velarán por ti como si fueran yo. En este sentido, te diré que son seis ángeles de mi entera confianza, y te van a querer muchísimo. De hecho, ya lo hacen sin saberlo. Ah, y hay más personas que te quieren y que no están en ese listado. He tenido que reducir el número porque el hada es un poco caprichosilla. Aunque en el fondo la entiendo. Si le hubiera pasado los datos de toda la gente que tengo en mi corazón, la volvería un poco loca, ¿no crees?

Bien, esto ya está hecho. Pero claro, faltan más cositas. Estoy reuniendo esos documentos para enviarlos cuanto antes, e ir conformado el pasaporte hacia nuestra felicidad. 

He de decirte que en este nuestro camino, el que vamos andando aun sin conocernos, el concepto TIEMPO adquiere unos matices curiosos. Los días pasan tranquilos, aunque sus horas muchas veces se multiplican como por arte de birlibirloque. Seguro que esto es consecuencia de los tejemanejes de algún duendecillo travieso. 

Ya sabes, ya sé, PACIENCIA, PACIENCIA, PACIENCIA. Por tí, por mí, chin-chin.

En fin, mi pequeñ@, así andamos por el momento. Te mando mil besos de algodón, y un abrazo de azafrán.

Y que sepas que te quiero sin tenerte

sábado, 11 de octubre de 2014

Tú sí que eres un tesoro...

A Clemen..


Conozco a una dragona peleona como ella sola. Se aferra a su tesoro y lucha por él de una forma heróica. A veces se cansa, y ahí entramos l@s que la rodeamos, aunque sea desde reinos muy lejanos, y le animamos a que se llene de energía de nuevo para seguir iluminando con su fuego a todo aquel que lo necesita.

En realidad conozco a más dragon@s, que en la actualidad mantienen unas duras batallas contra un bichito que quiere hacerles mucha pupa; pero ell@s están poniendo todos los medios que conocen a su alcance: alas, escamas, garras, dientes, llamas... Vamos, las armas con las que cuentan todos los dragones del mundo.

Y como de dragones estoy hablando hoy, les voy a recomendar una obrita de teatro que me ha cautivado. Se llama El tesoro del dragón, de Rafael Ordóñez Cuadrado, e ilustraciones muy divertidas de Violeta Monreal. El librito, que está pensado para criaturitas a partir de 8 años, fue publicado por Alfaguara Infantil en el año 2007, y goza de muy buena salud, porque se sigue editando hoy en día.


¿Saben por qué he encontrado especial esta historia? Por varias razones. Para empezar, el dragón es una dragona. Los príncipes que pretenden acabar con ella no le llegan ni a la suela del zapato. Y porque quien descubre el tesoro de nuestro ser alado es una princesita poco corriente, nada convencional.

Y no le tengan miedo por el simpre hecho de tratarse de una obra de teatro. Es muy amena, se lee genial, y resulta entretenida. Les animo a que se la lean a sus niños queridos, porque tal y como dice el autor del relato: 

"Sí, teatro. Teatro, teatro, teatro... La mejor manera de disfrutar con los amigos, con la familia y con los libros." 

Bien, pero vuelvo a mi dragona, a la que tengo en mi vida real, a la que se enfrenta cada día a una guerra tremenda contra un monstruo llamado cáncer. Sé que la palabra ya da miedo de por sí, y puede hacernos poner los pelos de punta solo con escuchar esas seis letras.

Sí, no lo niego, asusta, pero vamos a darle una vuelta a la tortilla. Un giro pensando en los pequeños de la casa. Porque sí, ellos también forman parte de la familia donde esa palabra entra un buen día por la puerta, por la ventana, por las cocina. Y si bien hay que presentarles la nueva situación de una manera adecuada para sus edades, creo que no hay que disfrazar ni enmascarar la realidad. Simplemente maquillarla un poquito. 

He encontrado una iniciativa preciosa, delicada y muy tierna. Se llama El album de mamá y nos cuenta la historia de Mateo, un pequeño cuya mamá se pone malita, y gracias a un buen amigo, se las ingenian para transformar los malos momentos en recuerdos bonitos e inolvidables.

Se trata de una publicación que nace de la mano de la empresa Novartis, y gracias a unas ilustraciones preciosas, hace que nos demos cuenta de que la imaginación de nuestros niños queridos es una medicina poderosísima, y que en en las malas situaciones como puede ser el enfrentarse a una enfermedad como el cáncer, ésta sigue volando y floreciendo.


Bueno, mi dragona Clemen, esta entrada va por ti, por tu lucha, por tus guerras, por tu ejemplo, por tu fuerza. Sólo espero que esa armadura que tienes te siga protegiendo toda la vida, y que nos hagas un huequito en ella cuando nos falte calorcito en el alma, en el corazón.

Para ti, y para tod@s l@s peleones, ÁNIMO, la batalla es dura, pero se puede vencer. Y no olviden proteger con sus llamas también a sus niños queridos. Ellos, a su modo, también pelean con ustedes. No lo olviden.

Para finalizar, una canción que también he descubierto hoy, buceando por ese planeta misterioso llamado Internet. Se trata de un tema llamado Mujer de las mil batallas, compuesta por Manuel Carrasco, y dedicada a la lucha contra el cáncer.



Besitos

miércoles, 6 de agosto de 2014

Diario de una ilusión: Momento 7

Un pasito más

Nueva notificación, nuevos nervios, nuevas noticias.

Cada vez que llego a casa y encuentro en el buzón un aviso de Correos, cuyo remitente es el Gobierno de Canarias, mi corazón palpita de emoción. Y esta última vez no ha sido diferente.

En parte, y solo en parte, ya estoy casi convencida de que el proyecto marcha, que tarde o temprano podré ir a buscarte. Pero aun así, soy cauta, intento mantener los nervios a raya. No es fácil, mi tesoro, pero creo que así es mejor, no precipitarme en mis ensoñaciones de ti, en mis celebraciones por ti. 

Pues esta vez ha sido igual. Ahí estaba yo, haciendo cola en Correos, esperando pacientemente en mi impaciencia, y preguntándome qué información me llegaría ahora. La espera mereció la pena, una vez más, porque...


Sí, mi niñ@, un pasito más para estar junt@s. En esta ocasión, y copiando literalente parte del escrito, me dicen, nos dicen, que el Gobierno de Canarias "otorga habilitación a la entidad colaboradora de adopción internacional Asociación Niños Sin Fronteras (...) para tramitar el procedimiento de adopción internacional instado por (MI, JE JE) ante la Autoridad Central de India".

Ay, mi pequeñ@, te cuento que siempre hago lo mismo. Recojo la carta, me voy al coche, la abro, y según voy leyendo se me va dibujando una sonrisa que ni te imaginas. Bueno, verás esa sonrisa algún día, espero, y entonces comprenderás la expresión "de oreja a oreja".

Cielo, hoy para leerte en la cama, te he escogido las historias de un niño un poco travieso que tiene un amigo muy especial que se une a cada una de sus aventuras de patios y colegios. Se trata de Cuchifritín y Paquito.


Ya verás, te van encantar las trastadas de estos dos pilluelos, nacidos de la imaginación de la mítica Elena Fortún, la madre literaria de Celia, una niña de la que te hablaré en otra ocasión, y que resulta ser la hermana mayor de Cuchifritín. Pero volvamos a él. Este ejemplar lo encontré en un mercadillo de libros antiguos de ocasión, y cuenta con ilustraciones de Serny, fue publicado por M. Aguilar, y es del mismo año de nacimiento de tu abuela Carmen, 1948.

Espero que te guste, y, entre otras cosas, aprenderás el significado de la palabra amistad. Sí, pequeñ@, los amigos son muy importantes. Te querrán, te apoyarán, te dirán las cosas que debes oir, y tendrás que cuidarlos como un auténtico tesoro, porque sin ellos la vida no tendría tanto sentido.

Un besito, mi sueño. Te dejo con The Rembrandts, un grupo que le puso música a una de mis series de cabecera, Friends, y con su tema principal, cuyas palabras lo dicen todo acerca de la amistad y los amigos: I'll be there for you (Estaré ahí para ti).


Besitos y buenas noches..

miércoles, 25 de junio de 2014

Diario de una ilusión: Momento 6

Aprendiendo a soñarte

Te quiero soñar, pero debo aprender a hacerlo. No de golpe, ni de forma improvisada. Aun no eres en mi, pero estás más cerca, sigo escalando la montaña que me llevará a tus manitas.
 
Hace aproximadamente un mes, día arriba, día abajo, la ilusión se volvió papel, y fue entonces cuando supe que vendrías. Más tarde o más temprano, pero todo empezaba a materializarse. 




Ese mismo día comencé a hacer llamadas, a apuntar en un folio las distintas opciones que se me ofrecían, a preguntar por los siguientes pasos que debía dar. Un poco de nervios, un poco de desorientación, un poco de ansiedad. Pero nada que no se pudira arreglar con paciencia y ganas.

Tras varios contactos fallidos, por fin encontré lo que buscaba, la agencia con la que quería trabajar, y que me llevaría hasta ti. Lógicamente me preocupé por cotillear todo lo que aparecía en internet sobre esta organización. Finalmente, tras sopesar los pros y los contras, me decidí y les llamé por teléfono. Y así como quién no quiere la cosa, concerté una primera cita con ellos. Se trata de Niños sin Fronteras, y en sus manos he depositado mi confianza.

Ese mismo fin de semana, tuve tiempo de celebrar a lo grande las buenas noticias, y además, rodeada de unas personas sencillamente excepcionales.  Y justo es también decirte que estamos recibiendo, tú y yo, muchísimos apoyos y ánimos, de amig@s, familia y seres maravillosos. Eso, te lo aseguro, le proporciona un calorcito al corazón indescriptible.

Para muestra, un botón, mira qué contenta estaba quien te escribe:



Creo que se me nota la felicidad, ¿verdad?

El caso es que ya el tren hacia La India ha partido. Poco a poco estoy consiguiendo mi objetivo, que no es otro que poder tenerte a mi lado. 

La burocracia parece más lenta cuando uno es el que se topa con ella, y eso que yo trabajo dentro de la misma. Pero tranquil@, tengo fe, y sobre todo, alegría para ti y para mi. Que el camino se hace largo y pesado, no importa, más fuerte te abrazaré. 

Y para que veas que de algún modo me preparo para tu llegada, sigo comprando libros para leerte, para compartirlos junt@s. Las últimas adquisiciones las consguí en la Feria del Libro de la ciudad donde vivo. 

Uno es Cuando las aguas duermen, de la colección Saco de Brujas de la Editorial La Galera. Ya verás, es una preciosa adaptación de Gabriel Janer Manilla y con ilustraciones de Jesús Gabán, publicado en 1996.

Y el otro es una divertida historia titulada El secuestro de la primavera, de Joaquín de Déu Prats, ilustrado por Francesc Infante y publicado en 1999 por la misma editorial del libro anterior, es decir, La Galera.

Como ves, sigo trabajando por ti, para ti, para que un día podamos ir de la mano, y caminar junt@s hacia el futuro que estamos fabricando.

Te sigo esperando...

martes, 8 de abril de 2014

Diario de una ilusión: Momento 5

Momento 5

Si hasta ahora no había escrito nada ha sido porque la aventura burocrática conlleva una serie de pasos que hay que ir dando con toda la paciencia del mundo. Tras las entrevistas con el psicólogo, entró en escena la trabajadora social que debía seguir mi caso, incluyendo reuniones, visitas a mi casa y estudio a fondo de mis finanzas.

Reconozco que cuando me comunicaron en un primer momento que mi situación era difícil, y que sería muy complicado que el proceso de adopción siguiera adelante, casi me derrumbo. Sí, me sentí impotente por un momento, sin saber qué hacer, y planteándome si debía tirar la toalla. Todavía estaba a tiempo, era el comienzo de la batalla. 

Pero no. Me tragué las lágrimas, y seguí adelante, luchando con las armas de las que disponía: mi tesón, mi convenciminto y mi ilusión.

Se conoce que todo ello ha dado resultado, o eso parece.

Ayer tuve una reunión en la que me dieron a conocer los informes de los profesionales que me han valorado, y he de decir que me sorprendiron porque habiendo sido elaborados por dos especialistas completamente diferentes, han llegado a las mismas conclusiones: que estoy capacitada para ser madre adoptiva. Una cosa es que te lo digan de palabra, pero verlo por escrito les aseguro que hizo que se me pusieran los pelos de punta. 

¡Qué sensación tan agradable!

Pero el documento que más me emocionó fue quizás el más frío, pero que escondía una gran sorpresa:


Efectivamente, es la PROPUESTA DE IDONEIDAD que hace el Gobierno de Canarias. Ésta  ha de subir un par de peldaños oficiales más para que sea definitiva, pero por lo que me han comentado diversas personas relacionadas con el asunto a las que les he consultado, se podría decir que ¡¡lo he conseguido!!

Aun así debo esperar un poco más, y debe llegarme la resolución final con la idoneidad. O no. 

El número 5 es mi número favorito, el que considero de mi suerte. Puede que sea casualidad, pero resulta que este "Momento" es el 5º. Sea una señal o no, voy a confiar en el destino, y aguardaré con todas las esperanzas puestas en una llave que me abrirá la puerta del siguiente nivel, el que supone contactar con el país al que dirijo mis miradas: La India.

Les seguiré contando más cositas según vayan sucediendo, y para despedirme, les ofrezco un documental que hace que mi empeño cobre más fuerzas si cabe.


Un beso grande.

viernes, 14 de febrero de 2014

Mensaje a una estrella

Hoy te voy a contar un cuento que he encontrado en mi pequeña librería de tesoros. En cuanto he dado con él he pensado en ti, en mi iusión, en mi esperanza. No sé si habrá sido casualidad, aunque no crea mucho en ellas, pero el relato se me apareció como por arte de magia precisamente el día en que me dieron una mala noticia relacionada contigo. 

Ya me habían dicho que el proceso iba a ser difícil, y creía estar preparada para todo. Pero cuando me comunicaron que llegar a ti podría ser imposible por cuestiones económicas me disgusté, y mucho.

¿Sabes? En un primer momento me vine abajo. Podría mentirte y decirte que me repuse sobre la marcha, pero no fue así. Estuve triste, sí, pero ya me he puesto las pilas de nuevo, y esta misma mañana he estado peleando para dar con la fórmula adecuada para tenerte a mi lado. No sé si lo conseguiré. No sé si quien debe juzgar que mis finanzas son las idóneas verán los pasos dados hoy como positivos. No sé si tendré que renunciar a ti por estos motivos. Lo que sí sé es que voy a luchar con todas mis fuerzas por ti.

Puede que ahora entiendas mejor esta historia que voy a compartir contigo, y por qué me emocionó cuando la leí precisamente el día en que sin concocerte te quise aun más.

Se trata de un relato que está incluido dentro de una colección llamada Cuentos para soñar, sueños para contar, publicado por el Grupo Editorial Bruño en el año 2003. 


Cada uno de estas historias está escrita e ilustrada por un autor diferente. El nuestro, el que compartiré hoy contigo está escrito por Massimo Mostacchi, y tiene unos dibujos preciosos de Mónica Miceli. Se titula "Adoptar una estrella" y espero que te guste tanto como a mi. 

Vamos allá...

Adoptar una estrella

En un pueblo no muy lejos de aquí viven Ernesto y María, una pareja de jóvenes esposos. En  las noches de verano, en lugar de ver la televisión, se sientan a la puerta de su casa para contemplar el cielo estrellado. De repente, en el cielo se destaca una estrellita que cae velocísima hacia la Tierra. María coge la mano de Ernesto y le dice:
-Rápido, pide un deseo. Pero no digas cuál es porque, si no, no se cumplirá. 
Abrazados, María y Ernesto observan la estrella que cae.
Por la mañana, despues de un abundante desayuno, Ernesto sale a trabajar a los campos. Está satisfecho con su vida y por eso todo le parece más fácil. 

En la era, los animales esperan impacientes a que llegue María con la comida. Hoy, sin embargo, la rodean inquietos: parece que quieren llevarla a alguna parte...
María les sigue, curiosa. Todos juntos salen de la era y atraviesan un campo, despues una colina, luego un camino arbolado. Cuando María ya está cansada de caminar y decide volver a casa le parece ver algo que se mueve suavemente entre los matorrales. Con el corazón latiéndole muy deprisa, se aproxima a un claro y allí ve a una bellísima niña dormida. 


A su regreso, Ernesto se siente muy feliz al ver a la niña, pero también se muestra preocupado.
-¿De dónde vendrá? ¿Quiénes serán sus padres? ¿La estarán buscando?
María no se hace tantas preguntas. Le basta con tenerla consigo.
-Intentaremos averiguar de dónde ha venido antes de quedárnosla para siempre, dice sonriendo a la niña, que se ha quedado dormida entre los brazos de Ernesto.
Muy temprano por la mañana, Ernesto y María se ponen en camino. Han decidido visitar todos los pueblos vecinos. De pueblo en pueblo, Ernesto pregunta:
-¿Sabéis quién es esta niña? ¿Conocéis a sus padres?
Pero nadie sabe nada ni puede responderles. Por la tarde, Ernesto y María regresan a casa.
-La niña se queda con nosotros -decide Ernesto, satisfecho.
-Se llamará Estrella -dice María, tranquila por fin.
Estrella crece feliz y parece estar dotada de un encanto especial. En sus fantasías, todos los seres de la naturaleza son sus compañeros de juegos.
Ernesto y María cada día la quieren más, y han dejado de preguntarse de dónde ha venido. Estrella es, ahora y para siempre, su niña adorada. Saben que la noche en que vieron una estrella fugaz, los dos desearon tener una hija, y que este deseo se ha cumplido. 
Mientras tanto, en el cielo, reina una gran confusión. Las estrellas se dan cuenta de que falta una y deciden bajar a la Tierra para buscar a la estrellita perdida. Con las primeras luces de la mañana exploran los montes, el mar, las ciudades y los pueblos, pero su brillo se hace cada vez más pálido. Después de tanto buscar y buscar parece que la estrellita se ha desvanecido sin dejar rastro. 
Desilusionadas y tristes, las estrellas deciden volver al cielo, pero ..., de pronto, descubren una lucecita que procede de una niña que juega alegremente con su balón. 
-¡Esa es nuestra estrellita! ¡Es ella! ¡Es ella! -susurran temblando de emoción.
Las estrellas siguen a la luz hasta el jardín de la casa de Ernesto y María. Cuando los padres abrazan a Estrella, las pequeñas luces giran alrededor de ellos. Y se dan cuenta del gran amor que les une. ¿Cómo podrían arrebatar la niña estrella a unos padres que la quieren tanto?
Ya ha oscurecido y las estrellas vuelven a brillar en el cielo. 


Cada año, regresarán para ver a su estrellita y para proteger a otras frágiles luces que brillan en la Tierra.

Fin

Espero que te haya gustado, mi sueño. Te mando un beso al cielo. Mi Pez Volador lo cuidará hasta que yo te lo pueda dar a ti. 

Y más besos a todos mis niños queridos, a los que conozco y a los que esperan en el mundo a que alguien los convierta en las estrellas del firmamento de sus vidas.

¡Hasta pronto!