jueves, 25 de octubre de 2012

Por una sonrisa, un cielo

Dedicado a J. A.


-¿Qué tal estás hoy?

-Bueno, podría estar mejor, pero intento salir adelante. 


Detrás de estas dos sencillas frases se esconde un mundo. La situación laboral actual es muy delicada, y cada día, cientos de personas, miles, se enfrentan a la búsqueda de empleo. Hay que entender que este trabajo, porque lo es, requiere una fortaleza física y moral que no siempre es fácil de encontrar, tener o mantener. 


A veces, estas personas, al levantarse, tras una noche de sueño sin descanso, pueden llegar a parecer auténticas Mariquitas gruñonas. 





Eric Carlé, en 2004, publicaba este libro con la Editorial Kókinos, y entre sus páginas ilustradas, podemos ver la evolución de un ser que no tiene ganas de relacionarse con el mundo.  

Es curioso. Está recomendado a partir de los 3 años. Y me parece perfecto para los tiempos que corren. Muchos niños no saben lo que le pasa a papi o a mami. Ellos no entienden por qué no sonríen tanto, y por qué están nerviosos o irascibles. A esa edad, las explicaciones sobran. Los pequeños necesitan las mismas atenciones. Con este álbum ilustrado seguirán sin comprender la situación de sus mayores, pero aprenderán que se puede tener un mal día, y que no por ello la esencia de la persona cambia. Les dejo la reseña, para que tengan más datos:

  
Tras el enfado por la situación, llegan las preguntas del millón. ¿Por qué me está pasando esto?, ¿cuánto va a durar?, ¿seré capaz de ser fuerte? Una y mil cuestiones se nos vienen a la cabeza, y hay momentos en los que creemos que no vamos a ser capaces de continuar con el peso del mundo sobre nuestros hombros. ¿Qué tal si preparamos un conjuro para cambiar las cosas?



Esta es la portada del libro que tengo en casa. Ha cambiado, y en la actualidad lo podemos encontrar así:



El ponche de los deseos, escrito por Michael Ende y publicado por primera vez en España en 1989 de la mano Ediciones S. M., nos cuenta la historia de un hechicero un poco chapuzas, que se vale de la magia para cambiar su vida. No todo le sucede como él quiere, y tendrá algún que otro problemilla que tendrá que solventar. Aquí pueden encontrar más datos:
  
Con hechizos o sin ellos, piensen que la auténtica magia, la que cuenta, la que no necesita de fórmulas especiales, se encuentra en el interior de cada cual. Sé que no siempre resulta fácil ver la cara amable de la vida, pero debemos intentarlo. ¿Y saben cómo creo que se puede llegar a conseguir? Con una sonrisa, al menos una al día.  

Les invito a poner en marcha la terapia de hoy, dibujar una curva positiva en el rostro. La maldad, el paro, la crisis, las desgracias, van a seguir ahí, al otro lado de la puerta, esperando a darnos un abrazo negro. Pero con una sonrisa, seguro que consiguen poner un rayo de sol en el cielo gris. 

Prueben…  
 

Ah, y recuerden, estos libros de los que les he hablado son para sus niños queridos. Ellos estarán encantados de que pasen un ratillo al día compartiendo sus letras e ilustraciones, enseñándoles que la vida es algo más que juguetes y caprichos.

Y para finalizar hoy, me quedo con un verso de la Rima XXIII de Gustavo Adolfo Béquer: 

Por una sonrisa, un cielo  

¡Buena Suerte!




viernes, 19 de octubre de 2012

Y por fin llegó ella…


A Laura, por su octavo cumpleaños.

Cuando una mujer da a luz, o como se diría en italiano, dare alla luce (me encanta como suena), todo se vuelve mágico a su alrededor. Cada criatura supone un antes y un después en la vida de alguien. La historia continúa con cada nacimiento, y simplemente por ese hecho, cada bebé es importante.

Y si bien todos lo son, únicos e importantes, les voy a hablar de uno muy especial para mí: la pequeña Laura.

Laura es una personita maravillosa, llena de fuerza y personalidad desde su primer día de vida, y que cuando llegó a este mundo, supuso toda una revolución a su alrededor. Todos la esperábamos, y puede que la impaciencia nos jugara a más de uno una mala pasada.  Desde aquí, y ahora, pido perdón a su mamá por si pregunté demasiado, por si agobié sin querer. 

Quise a Laura antes de conocerla, antes incluso de saber de su existencia, de su concepción. La quise antes de que sus papás se casaran; antes siquiera de que fueran pareja. Y la razón es sencilla. Quiero con locura a su mamá, por ser una de mis mejores amigas. Y quiero a su papá, porque quiere a mi amiga desde el día que la conoció.

Bien, pues tras mucho esperarla, por fin llegó ella…

Laura, hace unos años, en los alrededores del Faro de Maspalomas
 
Ahora está más grande; cumple estos días 8 años como 8 soles, y pensando en ella, no sé por qué, me ha venido a la cabeza un libro lleno de fantasía, de sueños, de personajes curiosos, aventuras locas, y un final feliz.

Se trata del clásico Alicia en el País de las Maravillas, un libro escrito en 1865 por el matemático británico Charles Lutwidge Dogson, más conocido por su seudónimo, Lewis Carroll. Esta ilustración, realizada por John Tenniel, pertenece a una de sus primeras ediciones:



La imaginación de Carroll ha traspasado fronteras, y su gran obra se ha seguido publicando a lo largo de los años. A mis manos llegó en 1980 a través de una adaptación de Laura G. Corella para la Editorial FHER de Bilbao. Esta era su portada:



Hoy podemos encontrar el libro en cualquier librería. Y en Internet, nos ofrecen la posibilidad de descargarlo para su lectura, por ejemplo, en páginas como ésta:


Existen también versiones para video juego, como ésta, basada en la película dirigida en 2010 por Tim Burton, y cuya ficha les adjunto también:
 


Y por último, les propongo la Alicia de Walt Disney, estrenada en Estados Unidos, ni más ni menos, que en 1951. Dos años más tarde llegaría a España.
 

Bueno, pequeña Laura, espero que pases un cumpleaños estupendo. Sé que va a ser así, porque un pajarito me ha contado la gran fiesta que te están preparando. Y en cuanto a ti, como personita, te deseo que sigas creciendo preciosa, curiosa e independiente.

Mi regalo, a parte de este post, es un consejo: escucha, escucha mucho. Escucha las palabras y el silencio. Detrás de ellos se encuentra el camino hacia la sabiduría. Tal vez ahora no lo entiendas, no tienes por qué. Pero quizás algún día te acuerdes de lo que te dijo tu tía (postiza) Paz.

Te envío todos los besos del mundo. Y estoy contenta, porque sé que uno de esos besos te lo podré dar muy prontito…

Te quiero un montón

Y al resto, a los lectores, ¡Salud y feliz fin de semana!

lunes, 15 de octubre de 2012

Un experimento

Yo te lo cuento y tú me lo pintas.

Este es el experimento que te propongo.



Imagina, crea un espacio, en tu mente, en el que los personajes cobren vida; y cuando esto suceda, intenta plasmar en un dibujo qué sensación te han transmitido. Puede ser una carita, puede ser un color, pueden ser formas sin forma. No importa. Hablamos de sensaciones.
 
Este experimento es tanto para niños como para grandes. La imaginación no tiene edad.
 
Bien, pues les propongo que conozcan a alguien muy especial para mi. De hecho, es la primera vez que sale de paseo, porque vive en una carpeta de mi ordenador desde hace más de tres años.
 
Es mi querida Princesa Colorines, y esta es una de sus aventuras. 

Te pido un favor: dale la manita, para que no pase miedo. El Pez Volador está a su lado, pero ella, seguro, estará encantada de contar con tu compañía y cariño.
 
LA PRINCESA COLORINES
Una aventura.
 
Soy la Princesa Colorines, y esta es una de mis historias.
 
Nací en un país multicolor, un día luminoso, y mis padres fueron el Rey Arco Iris y la Reina Rosa de Pitiminí.
 
Me llamaron Colorines, y de mi reino fui princesa.
 
Desde bien pequeña me gustaba ir a pasear por la hierba verde, nadar por el mar azul, y que acariciara mi rostro el sol amarillo.
 
A menudo, el tiempo pasaba volando, y llegaba al castillo con la cara muy coloradita, bien por pasear mucho, por nadar mucho o porque me diera mucho el sol.
 
Nuestra casa era muy grande, y me divertía correr por sus largos pasillos, subir y bajar sus empinadas escaleras, y trastear en su amplia cocina.
 
Teníamos un perro, llamado Canelo, que me acompañaba en todas mis aventuras. Donde estaba él, estaba yo. Y donde estaba yo, estaba él. Queríamos comernos el mundo, y aunque teníamos prohibido pasar más allá del río Claro, imaginábamos una y mil excursiones.
 
Mi árbol favorito era un naranjo, y bajo sus ramas dejaba libre mi mente, libre para volar, para pensar, para leer, para dibujar, para, para, para, para planear mi futuro.
 
Un día, Canelo y yo nos levantamos muy, muy temprano, y tras tomar el rico desayuno que nos preparó la cariñosa cocinera Blanca, salimos a dar nuestro paseo habitual, una vuelta alrededor de nuestro querido universo.
 
Le lancé una piedra a Canelo para que la fuera a recoger, y sin querer, puse más fuerza de lo normal en el tiro, y la piedra cayó al otro lado del río, en la orilla que teníamos prohibida. Mi perro, que de eso no entendía, cruzó a nado las aguas cristalinas, y llegó al otro lado, donde estaba la piedra. Cuando la cogió, me miró, y siguió corriendo, no hacia donde yo estaba, sino hacia el bosque.
 
Muy disgustada, y asustada, le llamé, ¡Canelo, ven!, ¡Canelo, toma, mira! ¡Canelo, Canelo, vuelve, por favor! Pero él ni vino, ni tomó, ni miró, ni volvió. Simplemente, desapareció. Así que me armé de valor, me tragué el miedo, y atravesé el río. Había visto a mi perro correr en una dirección, y hacia allí me dirigí.
 
Llegué hasta un claro, donde había una puerta.
 
 
¡Sí, una puerta en medio de un espacio sin plantas ni animales!
 
 
Una puerta redonda y violeta; una puerta que se abrió cuando me acerqué. Una puerta que no me dejaba ver lo que había al otro lado, pero que me permitía escuchar los ladridos de mi perro.
 
Así que sin pensármelo demasiado, cerré los ojos, di un salto, y confié en la buena suerte.
 
Cuando abrí mis ojos, no podía creer lo que veía.
 
Lo primero que hice fue dar la vuelta, y allí estaba la puerta. Pero cerrada, y seguía siendo redonda, pero ya no era violeta, sino gris oscuro. En realidad, todo a mi alrededor tenía unos colores muy limitados, del blanco al negro, pasando por una escala de grises.
 
Y lo más raro es que ya no estaba en el bosque, sino en medio de algo parecido a una ciudad. Y digo parecido porque no conozco ninguna, nunca había abandonado mi reino, y las únicas referencias que tenía son la de los libros que me lee mi mamá, o los periódicos que me lee mi papá.
 
¡Así que esto es una ciudad! Gris por aquí, gris por allí. Raro, muy raro. Un coche, una farola, un edificio. ¿Por qué tiene que ser todo tan feo?; ¿tan triste? En mi imaginación, las ciudades eran luminosas, llenas de colores vivos, emocionantes. Sin embargo no era así.
 
No se por qué, pero me sentí triste. Además, mi vestido era ahora gris, mi pelo era gris, mi piel era gris, todo a mí alrededor era gris. Creo que hasta mi corazón era gris.
 
Pero, ¿por qué estoy aquí?, pensé. ¡Ah, sí!, para buscar a Canelo. Por cierto, no lo veía, pero lo estaba escuchando. ¡Canelo!, ¿Canelo, dónde estás?, grité.
 
Ahora que lo pienso, ¿cómo lo iba a reconocer?; porque ahora no era marrón, sería gris. Y todo el mundo sabe que todos los perros grises son iguales. Espero que él si supiera reconocerme a mi.
 
Lo seguía oyendo, pero seguía sin ver esos ojitos que tanto me gustan. Seguí mi instinto, y me dirigí a un parque gris, donde había mucha gente gris, y donde los niños grises jugaban con sus padres grises. Y allí, en medio, ¡estaba Canelo! O al menos se le parecía mucho. Sí, él también era gris, pero su rabito, sus orejitas, sus patas, ¡son tan peculiares!
 
Me acerqué, y cuando ya estaba casi a su lado, él se giró, y se me acercó a toda prisa, me olió. Dio una vuelta alrededor mía, y me volvió a oler. ¿No me reconocía? Qué raro, porque Canelo siempre que me ve no para de saltar y llamar mi atención. Y si me quedaban dudas de si era él o no, sí, tenía su chapita al cuello, aquella que le puse cuando nos conocimos. Esa en la que está escrito su nombre: CANELO DE IRIS Y PITIMINÍ.
 
Cuando estaba a punto de echarme a llorar, él me dio uno de sus besos en las manos, y al hacerlo, es como si hubiese reconocido el sabor. Sí, ¡soy yo, Canelo! Entonces él se comportó como el Canelo de siempre.
 
Pero, ¿por qué tardó tanto en reconocerme? ¿Por qué lo hizo sólo cuando me probó, cuando me dio un beso?
 
Ah, ya se. Bueno, creo. Es algo de lo que me había ido dando cuenta a lo largo de ese extraño día, desde que llegué a ese lugar. Esta ciudad no tiene olor. Sólo ruido y colores grises. El mar no olía; el puesto de perritos calientes no olía; los coches no olían. Por lo tanto, yo no tenía olor tampoco. Por lo tanto, mi perro no me pudo reconocer con su olfato. Por lo tanto, tuvo que recurrir a su sentido del gusto para saber que era yo.
 
Bueno, ya estábamos juntos de nuevo, y nuestro objetivo era llegar a la puerta de nuevo, aquella redonda, antes violeta y ahora gris. Llegar a ella para irnos a casa cuanto antes. Echaba de menos a mi mamá y a mi papá. Y la verdad, el miedo y el disgusto me habían abierto el apetito. ¡Qué hambre!

Caminamos y caminamos, y llegamos hasta el lugar, hasta la redonda puerta gris.
 
Pero, ¿dónde está el pomo? Claro, no me había fijado porque cuando me acerqué a ella, al otro lado, se abrió sola. Así que yo sólo tuve que pasar, atravesarla. Entonces, ¿qué haríamos? ¡Me quería ir!
 
Pensé en tirarle algo. Pensé en romperla con algo. Ay, pero tanto pensar me cansó, así que me senté, y apoyé la espalda en la redonda puerta gris. Canelo me miraba, y se sentó también, y después se tumbó, y después puso su cabeza en mis piernas, y después esperó a que se me ocurriera algo.
 
Así que tuve que seguir pensando. Y pensando, pensando, uno de mis pensamientos se me escapó, y lo dije en voz alta: “Puerta, puertita bonita, ábrete para que me pueda ir a casa. Puertita guapa, por favor, deja que me vaya de aquí”.
 
Y entonces, ¡la puerta se abrió!
 
¿Qué había pasado? No sabía por qué, ni cómo, pero me encontré de repente al otro lado, con Canelo a mi lado, y delante de la redonda puerta, ¡Violeta! Sí, todo a mi alrededor volvía a ser de colores. El río Claro, la hierba verde, el sol amarillo. ¡Qué alegría!
 
Pero, ¿cómo había llegado hasta allí?; ¿cómo había conseguido traspasar la puerta? Me acerqué a ella, despacito, con respeto, y sin saber muy bien por qué, pegué mi oreja a la madera, y una voz muy agradable, muy suave, me dijo al oído: “todo sale bien cuando las cosas se piden por favor”.
 
Desde luego, puerta bonita, puerta violeta, es una lección que nunca olvidaré.
 
Y corriendo, Canelo y yo, pasamos al otro lado del río, nos secamos deprisa, y nos fuimos a casa, a comer, a descansar, y a preparar la siguiente aventura.

FIN
 
¿Como se imaginan a la Princesa Colorines?; ¿y a Canelo? Prueben a dibujarlos, ustedes, o sus niños queridos.

¿Juegan conmigo? Venga, espero sus obras de arte.
 
¡¡Buena semana, amigos!!

lunes, 8 de octubre de 2012

Detectives menudos


Érase una vez un papá que tenía tres hijas curiosas, que no es lo mismo que decir que tenía tres curiosas hijas. Desde bien pequeñas, las niñas adoraban las historias que les relataba su papá, sobre todo aquellas que tenían que ver con extraños casos sin resolver. A fin de cuentas, el papá era policía, y tenía muchas peripecias que contarles a sus retoños.

El papá con una de sus niñas
Pero claro, no siempre podía estar con ellas, pues la mayor parte de su tiempo lo dedicaba a atrapar a los malos. Por eso, la mamá de las niñas ideó un plan, consistente en regalarles muchos de esos misterios a través de los libros. De esta manera, aquellas chiquillas empezaron a tener cuentos con finales sorprendentes, casos que investigar y pistas que seguir. Y es que la mamá era muy inteligente, y en el fondo, pretendía que sus hijas admiraran, a través de las letras, a su papá y a la profesión que él tanto amaba.

Así pues, la estantería de los libros, que ya de por sí estaba muy bien abastecida, fue recibiendo unos cuantos relatos más, unos que despertaron la imaginación e hicieron que tres pequeñas detectives comenzaran a jugar a dar con la solución de los casos más emocionantes. Y no fué fácil, porque estos libros eran distintos a los demás. Había que pensar, no sólo leer, ver dibujos y pasar las páginas. No, ahora había que investigar junto a sus protagonistas.
 
***

Por desgracia, estos días me estoy dando cuenta que mi Pez Volador va a tener mucho trabajo, subiendo libros al Cielo de los libros sin presente, porque muchos de aquellos títulos se encuentran ya descatalogados. Y aunque es posible adquirirlos en portales de segunda mano, no es lo mismo. Estos son algunas de esas historias sin presente:

*Un rostro tras la ventana. Cuentos policíacos, de Wolfgang Ecke.

*Jonathan Cap, las fórmulas de Zoltan, de François Riviére.

*La aventura del extraño rubí; La aventura del collar secreto, de Enid Blyton.

Y como éstos, unos cuantos más.

Pero, hay otros que sí que se siguen publicando, y ofrecen la posibilidad de diversión con pistas a otros pequeños sabuesos. De mi biblioteca, escojo estos dos, por ser de mis favoritos.

1º.- ¿Se acuerdan de aquellos libros que nos invitaban a elegir nuestra historia? Sí, aquellos en los que debíamos decidir a qué página ir, y según cuál fuera nuestra elección, continuábamos con una parte del misterio o con otra. Bien, pues siguen en el mercado. Mi ejemplar era El Castillo Prohibido, de Edward Packard, y llegó a mi en 1984. Pertenecía a una colección que llevaba por nombre “Elige tu propia aventura”, de la Editorial Timun Mas.


Afortunadamente, es posible disfrutar de esta lectura en la actualidad. Además, en este enlace que les dejo, nos dan la posibilidad de descargarlo en formato PDF:


2º.- Detrás de estas dos imágenes, dos páginas al azar, se encuentran las claves del divertido libro del que les voy a hablar:



Pertenecen a las Aventuras de <<la mano negra>>, de Hans Jürgen Press, autor también de las ilustraciones. Se publicó por primera vez en 1965, y a España llegó en 1981, de la mano de Austral Juvenil-Espasa Calpe. Mi edición es de esa época, y prueba de lo mucho que gustó en casa, es el usado aspecto que tiene el pobrecito:


Han pasado muchos años, pero les aseguro que es uno de esos libros que releo cada vez que voy a casa de mis padres. Y les garantizo que a sus niños queridos también les va a encantar. Este es su enlace actualizado:

Aventuras de la <<mano negra>>

Como les dije el otro día, les iba a proponer libros entretenidos, para que en las tardes de otoño sus pequeños estuvieran jugando dentro de sus casas. Bien, pues aquí les he mostrado dos ejemplos de lo que son los juegos de las letras. Si quieren, pueden ayudarles a resolver los casos, a encontrar las pistas. Incluso, gracias a estos libros, pueden despertar la curiosidad de unos detectives menudos, y podrán dejarles misterios por resolver en sus propios hogares. Una idea: escondan algo, y vayan dejándoles notas para que encuentren lo escondido.

En fin, buena semana a todos, e investiguen...

martes, 2 de octubre de 2012

Color fuego


Cuando los árboles cambian sus verdes por los ocres y los naranjas.

Cuando los gnomos y las brujillas se cuelan en nuestros hogares, buscando su refugio de cara al frío invierno.

Cuando las castañas nos invitan a una tarde de tertulia.

Cuando las calabazas inundan de ricos olores la cocina.

Cuando sacamos de los cajones las velas aromáticas.

Cuando las infusiones se convierten en nuestro “refresco” favorito.

Entonces, y solo entonces, la magia nace, la fantasía se vuelve hogareña y todo se tiñe de un increíble color fuego.

Es el otoño.

La granada, una fruta típica del otoño
 
Para los más pequeños, puede que se trate de una estación aburrida. Comienza a hacer frío, y las tardes en la calle, jugando (los que aún disfruten de ese tipo de ocio, al aire libre), se acortan y las horas en casa se pueden volver interminables.

Pero no tiene por qué ser así. Todo es cuestión de paciencia, imaginación y una buena base de datos de actividades. En ese sentido, en mis próximas entradas otoñales, voy a relacionar algunos de mis libros con cosas que pueden hacer junto a sus niños.

Para empezar, se me ha ocurrido tirar de un relato que siempre me abre el apetito, me da ganas de meterme en la cocina, y me transmite toda la calidez de la reina anaranjada. Se trata de Sopa de Calabaza, escrito e ilustrado por Helen Cooper, y publicado por la Editorial Juventud en 1998.

Un detalle del libro
 
Esta historia, que acaba de ser reeditada, narra las aventuras de un Gato, un Pato y una Ardilla, que tendrán que superar algún que otro obstáculo para que su amistad continúe intacta.


Me he llevado una agradable sorpresa, al descubrir que este libro tuvo continuidad, y que Helen Cooper colocó a esos entrañables personajes en estos otros relatos:

Una pizca de pimienta:

 
Y en ¡Deliciosa!


Por cierto, en este momento, la Editorial Juventud no tiene ¡Deliciosa! disponible en su web, pero lo he localizado fácilmente en otros portales especializados en venta de libros.

Les invito que disfruten de estos cuentos y que los saboreen junto a sus niños queridos.

Y hablando de saborear, les paso una receta en la que tenemos a la calabaza como protagonista absoluta. Como curiosidad, les diré que esta hortaliza está indicada para reforzar las defensas, y que tiene propiedades antioxidantes. Y encima, está buenísima.

Ingredientes
  • 700 gramos de calabaza
  • 1 cebolla mediana
  • 4 tazas de caldo de verdura
  • Media taza de nata líquida
  • Una cucharada de mantequilla
  • Un pizco de pimienta blanca molida
  • Un puñadito de sal gorda (al gusto)

Cómo preparar, paso a paso, una crema de calabaza

Paso 1

1. Pelar la calabaza y cortarla en trozos no muy grandes. Calentar la mantequilla en una cazuela, añadir la cebolla y freírla lentamente durante 15 minutos hasta que esté blanda.

Paso 2

2. Añadir la calabaza y el caldo y dejarlo cocer a fuego lento durante 20 minutos o hasta que la calabaza esté blanda.

Paso 3

3. Dejar enfriar. Pasar la mezcla por la batidora hasta que quede homogénea e introducirla de nuevo en la cazuela. Salpimentar al gusto, añadirle la nata y calentar a fuego lento, hasta que esté caliente.

Tal y como se ve en los dibujos, podemos hacer partícipes a los niños en la elaboración de esta crema; bajo nuestra supervisión, claro está.

Otra cosa que pueden dejarles hacer es que se encarguen de la decoración de los platos, por ejemplo, con un dibujo hecho con nata, adornos de queso rallado, o toques de hierba buena.

Les paso también una selección de cuentos infantiles dedicados al otoño, y que he encontrado buscando setas en internet. ¿Por qué no prueban a contárselos a sus pequeños, al tiempo que les piden que dibujen lo que se les ocurra, lo que a ellos les inspiren los relatos?

 
Para finalizar hoy, les regalo este emotivo poema de José Hierro:

VIENTO DE OTOÑO
Hemos visto, ¡alegría!, dar el viento
gloria final a las hojas doradas.
Arder, fundirse el monte en llamaradas
crepusculares, trágico y sangriento.
Gira, asciende, enloquece, pensamiento.
Hoy da el otoño suelta a sus manadas.
¿No sientes a lo lejos sus pisadas?
Pasan, dejando el campo amarillento.
Por esto, por sentirnos todavía
música y viento y hojas, ¡alegría!
Por el dolor que nos tiene cautivos,
por la sangre que mana de la herida
¡alegría en el nombre de la vida!
Somos alegres porque estamos vivos.

¡¡Feliz otoño!!
 

jueves, 27 de septiembre de 2012

¿Qué es el amor?

Dedicado a Javier


Parece fácil, ¿verdad? Tenemos una idea clara en la cabeza, y cada uno de nosotros podría definir esta palabra de una forma diferente.

Si nos vamos al diccionario de la RAE, en su tercera acepción, podemos leer que se trata de un “Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo”. Y es cierto, a mi modo de ver. Pero si le preguntamos a un niño, ¿creen que nos diría lo mismo?

Hace unos años, un grupo de educadores y psicólogos realizó un estudio con alumnos de 4 a 8 años. Entre los apartados de dicho estudio, se les pedía a los chiquillos que definieran el amor. Su respuestas son muy divertidas, y más profundas de lo que nos podemos imaginar.

Si lo desean, pueden ver algunas de ellas en este blog, donde se recogen la más significativas:
 
 
Si me dan a elegir, yo me quedo con la definición dada por Rebeca, una niña de 8 años.

Cuando mi abuela enfermó de artritis, ella no se podía agachar para pintarse las uñas de los pies. Mi abuelo, desde entonces, pinta las uñas de ella aunque él también tiene artritis”.

O esta otra, de una pequeña llamada Karina, de 7 años:

Cuando tu amas a alguien, sus ojos suben y bajan y pequeñas estrellitas salen de ti”.

Voy a hablar de un libro que habla de amor, entre otros sentimientos. Y lo hace de una forma tan tierna, que es muy recomendable.

Se trata de Juan Ramón Jiménez y los niños, de la Editorial Everest. Pertenecía a la colección “Y los niños”, y fue preparado por José María Garrido Lopera.


Tenía unas ilustraciones preciosas de José Ruiz Navarro.



A punto estuve de mandar este libro al Cielo de los libros sin presente, pero no ha hecho falta, porque afortunadamente, la misma Editorial, lo tiene en su catálogo, listo para su venta. En esta ocasión, es Lola González la que nos lleva a pasear por la fantasía de Juan Ramón Jiménez. Y las ilustraciones son del mismo artista que las de mi antigua edición, José Ruiz Navarro. 
 

Gracias a esta obra, es fácil descubrir la personalidad del genial escritor de Moguer.

Así mismo, estoy convencida de que cuando terminen de contarle a sus niños queridos Platero y yo , muchos les pedirán un burrito como animal de compañía.

Eso sí, tengan muy en cuenta esta advertencia que hizo Juan Ramón Jiménez, en 1914, cuando escribió su tierno relato:



Hoy les dejo con parte de un poema del autor de Platero, y que me parece ideal para un día como hoy, en el que empiezo a intuir la belleza del otoño, mi estación favorita.

Lluvia de otoño

Llueve, llueve dulcemente...

...El agua lava la yedra;

rompe el agua verdinegra;

el agua lava la piedra...

Y en mi corazón ardiente,

llueve, llueve dulcemente.
 
Buenas noches, y no se olviden de cuidar y mimar a sus amores...